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Omnipotencia

                 (a mi hija)
             
Llueve, la tarde es muy gris,
a pesar de que hay
coloridas flores en mi jardín.
Mi niña duerme, su rubia cabeza
reposa tranquila, en el tibio lecho.

La quiero, ¡oh! Cuánto la quiero.
¿Por qué querremos ciertas madres así?
Con dolor, con tanta fuerza.
Ojalá un día, sólo para ella,
sólo, sólo un día
y por un segundo,
me dieras el don de la omnipotencia,
menos de un segundo,
ya me bastaría.
Y entonces...
Luego de eso, ya inútil
sería mi presencia.
Podría diluirme, transformarme,
secarme, pudrirme.
¿Y por qué no? Morirme,
todo estaría bien.
Ella estaría completa.

 


 

 

 
     

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